Los constructores de cultura científica

Investigaciones médicas
Los médicos Francisco De Venanzi y Marcel Roche se unieron para organizar, en 1952, un instituto de investigaciones de carácter privado bajo el auspicio de la Fundación Luis Roche, con el fin de escapar del asedio que el régimen de Marcos Pérez Jiménez ejercía contra la libertad intelectual. La organización recibió el nombre de Instituto de Investigaciones Médicas y abrió sus puertas tanto a médicos como a estudiantes de medicina interesados en producir conocimientos científicos. Una de las tareas de la fundación fue traer al país a investigadores reconocidos, entre ellos el bioquímico norteamericano Jacob Sacks, que vino en 1956 a dictar el primer curso para el uso de radioisótopos. Otros invitados fueron Charles C. Best, codescubridor de la insulina, y los premios nobel Harold Urey, Bernardo Houssay y Baruj Benacerraf.
Radiografía del venezolano
Entre 1981 y 1987, la Fundación Centro de Estudios para el Crecimiento y Desarrollo emprendió el Proyecto Venezuela, con el objetivo de realizar una completa medición de las condiciones de vida de la población venezolana y elaborar las primeras tablas de referencia sobre el desarrollo infantil en el país. Para esas investigaciones, el organismo implementó el método Graffar-Méndez Castellano, una adaptación de las pautas francesas realizada por Hernán Méndez Castellano para la estratificación de la sociedad venezolana, que sigue siendo hoy una referencia nacional.
Sin derivados sanguíneos
Del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, por iniciativa de los científicos Egidio Romano, Miguel Layrisse, Boris Drujan y Horacio Vanegas, nació en 1988 la iniciativa de crear Quimbiotec, una planta de derivados sanguíneos, idea que ya había sido planteada por Tulio Arends a principios de la década de los setenta. El plan era adaptar la tecnología que se necesitaba para la producción de derivados a las capacidades locales, con el fin de eliminar la importación de estos productos. Hasta 2010 los éxitos de Quimbiotec fueron innegables, pues logró producir 359.000 frascos anuales de albúmina humana, lo que convertía al país en el tercero mejor preparado en este aspecto, después de Estados Unidos y Canadá. A partir de 2011, sin embargo, Quimbiotec comenzó a deteriorarse, un proceso que empezó luego de un cambio en sus estatutos y en su tren gerencial. Hoy los pacientes sufren por la escasez de los derivados sanguíneos que en algún momento la planta proveyó de forma exitosa.