Museo de Ciencias: el guardián del tesoro

Una de las instituciones más longevas del sector conserva un patrimonio formado por cientos de miles de piezas antropológicas, arqueológicas y documentales, entre otras, recolectadas por naturalistas y científicos desde el siglo XIX

Más allá de sus cualidades más conocidas, entre ellas su sede estilo neoclásico diseñada por Carlos Raúl Villanueva, declarada monumento nacional en 1993; los emblemáticos dioramas con ejemplares de fauna africana cazados y disecados en los cuarenta y algunas populares exhibiciones temporales de las últimas décadas, el verdadero tesoro del Museo de Ciencias de Caracas no es, en general, visible para el público.
La colección de más de 120.000 piezas del patrimonio científico venezolano es el activo más valioso de la institución, una de las más longevas de la ciencia venezolana, pues se fundó hace 142 años. Sus orígenes se remontan al Museo Nacional que se inauguró el 28 de octubre de 1875 bajo la dirección de Adolfo Ernst. Concebido como un gabinete de maravillas, a la usanza de la época, reunió piezas de zoología, mineralogía y botánica recolectadas por Fermín Toro, Juan Manuel Cajigal, José María Vargas y el propio Ernst, en su sede original de la esquina de San Francisco. Fue en 1940 cuando se mudó al edificio actual, situado en la plaza de los Museos.
“Un museo de ciencias es una institución que custodia, protege, conserva y preserva el patrimonio cultural de la nación en el campo científico, que es importante tanto para la investigación como para la didáctica y divulgación”, recalca Sergio Antillano, quien presidió la institución entre 1995 y 2004.
Piezas valiosas
La web del museo describe a grandes rasgos algunas de sus posesiones, incluyendo más de 45.000 restos óseos humanos prehispánicos, algunos momificados o con modificaciones intencionales y 33.000 objetos y artefactos pertenecientes a culturas ancestrales venezolanas. Además, conserva documentos históricos, cuyo inventario se dio a conocer en 2016 mediante un libro digital.
Antillano destaca varias exhibiciones temporales recordadas por el público y especialistas, entre ellas los dinosaurios robóticos diseñados por los hermanos Chang a mediados de los noventa; El desastre de Vargas que permitió contextualizar científicamente el deslave y sus soluciones, y Orinoco: un mundo ante nosotros, que contó con asesoría de 79 científicos y artesanos, artistas y fotógrafos.