Miguel Henrique Otero

La ciencia y las dificultades

Miguel Henrique Otero

El signo histórico de la ciencia ha sido la dificultad. A lo largo de los tiempos le ha correspondido a la mente imbuida de racionalidad afrontar los obstáculos y complejidades que siempre ha ofrecido el mundo real. A menudo, los hombres de ciencia han debido defenderse de los poderes establecidos; les ha tocado plantarse ante la mentalidad reinante de su época; han sufrido la denigración, el ostracismo, la exclusión, la persecución, la cárcel y hasta la muerte.
En muchas sociedades el científico ha debido sobrevivir en medio de la incomprensión, la falta de recursos, la indiferencia o la hostilidad de las autoridades y las instituciones. La figura del investigador aislado de su mundo más inmediato, encerrado en un pequeño laboratorio o en la atmósfera de su escritorio, a menudo sin ni siquiera unos pocos interlocutores, no es una ficción. En América Latina y en Venezuela el científico es alguien que, de forma simultánea, lucha con el objeto de su investigación, mientras se las ve con todo aquello que se yergue como obstáculo a su proyecto.
Miradas hacia el futuro. 100 años de ciencia en Venezuela es un recorrido por sucesivos capítulos de esa peculiar lucha venezolana. Esta edición, que ha contado con el apoyo editorial de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, y de forma muy activa, de su presidenta, Gioconda Cunto de San Blas, ratifica que también los científicos, como tantos otros profesionales que ofrecen lo mejor de sí mismos a la sociedad, raras veces encuentran la hospitalidad, la comprensión y el auspicio que merecen.
Durante las dos últimas décadas El Nacional ha celebrado su aniversario con ediciones temáticas que guardan un propósito en común: poner de relieve la diversidad de los empeños, los modos de persistir, la capacidad para resolver los obstáculos y producir resultados que anida en todos los sectores de la sociedad venezolana: en todas las generaciones, estratos socioeconómicos, regiones o rubros. En lo público, lo privado y en la actividad sin fines de lucro nuestro país tiene argumentos para sentirse orgulloso.
El Nacional, por decisión de Miguel Otero Silva, comenzó a publicar ediciones aniversarias en 1948, cuando este diario cumplió sus primeros cinco años de existencia. Desde entonces, año tras año, se han venido produciendo estos jugosos documentos, extraordinarias recopilaciones periodísticas sobre una paleta de temas que, estoy convencido de ello, registran muchas de las dimensiones que constituyen la vida pública del país: la historia contemporánea y la cultura; el ejercicio del periodismo y la política; el devenir de las ciudades y el entretenimiento; los triunfos de los deportistas y los grandes logros que, venezolanos, dentro o fuera del territorio nacional, han conquistado en sus respectivas áreas de desempeño.
A lo largo de los años recientes, a pesar del deterioro continuado de todo, El Nacional ha continuado con esta producción a contracorriente. Una especial satisfacción nos produce, la de este 2017 y la correspondiente a 2016, por una doble razón, en el fondo muy relacionada la una con la otra: de una parte, porque han sido elaboradas en un ambiente de recursos exiguos: ambas son la expresión de la disciplina, el talento y la voluntad de sus responsables, en particular, de la periodista Marielba Núñez. De otro lado, tanto la de 2016, Venezolanos a toda prueba, como esta de 2017, contienen historias y testimonios que hablan de los mejores heroísmos: los de la solidaridad, los de la búsqueda de conocimiento, los de la acción para que Venezuela sea un país mejor.
Si en algo me siento impelido por destacar de esta Miradas hacia el futuro. 100 años de ciencia en Venezuela, es que hace tangible, visible y narrable, algo que no siempre se entiende: que en Venezuela ha habido, hay y habrá ciencia contra todo pronóstico, resultado del empeño y los sacrificios de varias generaciones de valiosos profesionales.
Fuera de nuestro país el universo científico vive un momento de apogeo y expansión. Los medios de comunicación más leídos del planeta tienen, en su mayoría, secciones dedicadas al futuro y a la ciencia. Centenares de libros, editados en los últimos cinco o seis años, ocupan mesones y estantes en las librerías más visitadas. Se entrevista a los científicos con la misma avidez con que a los artistas y a los deportistas. El científico ha adquirido en estos años, finalmente, el estatuto público que merece.
La destrucción de todos los mecanismos de reconocimiento y legitimación que ha tenido lugar en nuestro país también ha incluido a los científicos y a sus instituciones. En la Venezuela que viene eso debe cambiar, inevitablemente. Tiene que cambiar por una categórica razón: el crecimiento de la ciencia la ha vuelto indisociable de las políticas públicas, del futuro posible, del progreso necesario.