La osadía de investigar en Venezuela

Las nuevas generaciones de científicos se han convertido en un ejemplo de perseverancia: prosiguen en su empeño de producir conocimientos pese a los presupuestos insuficientes y a un salario que no reconoce su formación y capacidades

El futuro de la ciencia en Venezuela depende, sin duda, del impulso que le impriman las nuevas generaciones. Sin embargo, si se escrutan las cifras que ofrece el Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, la investigación no es un campo que esté atrayendo a los más jóvenes. La estadística recogida por la organización gubernamental señala que en 2013 había 2.049 investigadores entre 25 y 34 años acreditados en el Sistema de Estímulo a la Investigación, pero este número descendió a 1.699 en 2015.
La cifra puede vincularse con los indicadores de disminución de investigadores que trabajan en universidades autónomas, que pasaron de ser 4.803 en 2013 a 4.280 en 2015, sin duda una pista de que la pérdida de personal científico ocurre principalmente en los grupos de quienes están comenzando la carrera. Para Keta Stephany, directiva de la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela, la crisis de las universidades públicas, inmersas en insuficiencias presupuestarias, que afectan también el pago de sueldos a sus profesores e investigadores, explica lo que está ocurriendo, pues las principales fuentes de producción de investigación, recuerda, son las universidades públicas. A estos factores hay que añadir la falta de políticas gubernamentales que incentiven la investigación y el éxodo científico, agrega.
El más reciente contrato colectivo aprobado por la Oficina de Planificación para el Sector Universitario, que se dio a conocer en agosto, establece que un profesor con el escalafón de instructor, a dedicación exclusiva, recibirá un sueldo de poco más de 300.000 bolívares. Es precisamente en ese nivel en el que suelen ubicarse los jóvenes que están comenzando la carrera científica. En contraste, la canasta alimentaria familiar, según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, alcanzó en julio 1,4 millones de bolívares.
“Ningún profesor gana lo suficiente para costear los gastos básicos, entonces difícilmente se puede dedicar 40 horas de la semana a la investigación porque tiene que sobrevivir”. Los salarios no son el único problema. Stephany señala que no hay presupuesto para financiar proyectos —en el caso de la Universidad Central de Venezuela—, por lo que el investigador se ve obligado a trabajar con recursos propios. Tampoco hay incentivos para publicar en revistas científicas, asistir a congresos o para pertenecer a las sociedades científicas.
Inversión necesaria
María Fernanda Hernández es egresada en Química por la Universidad de Oriente y se desempeña como profesional asociado del Instituto de Venezolano de Investigaciones Científicas en el área de química analítica. Hernández está continuando su investigación sobre la acumulación de metales pesados en aves acuáticas de la península de Araya, enfocándose en determinar la contaminación mercurial en la zona.
Sobre la situación de la investigación, afirmó que el presupuesto de universidades e instituciones es un problema: “La ciencia es dinero, es una semilla que hay que cultivarla y hay que invertirle mucho en conocimiento y, después de cierto tiempo, obtienes los resultados”. Por otro lado, en el desarrollo de sus proyectos, la inseguridad dificulta la recolección de muestras en el campo. También mencionó la necesidad de equipos de punta que sustituyan los aparatos obsoletos.
Nadar a contracorriente
La bióloga egresada de la Universidad del Zulia, Vilisa Morón, también considera que la inseguridad es un factor que complica la investigación. “A nivel logístico es complicado porque tienes que planificar muy bien los sitios a los que vas, qué tanto puedes estar y cuánto te puedes quedar”. Morón está realizando una Maestría en la Universidad Simón Bolívar y trabaja como asistente de investigación para el Departamento de Estudios Ambientales de esa universidad.
Actualmente, trabaja en un proyecto interinstitucional que elabora un mapa de ecorregiones de Venezuela. Este proyecto puede contribuir a la planificación estratégica del ordenamiento territorial o del cambio climático. Sin embargo, asegura que la movilización para las investigaciones de campo es complicada, ya que el presupuesto es superado por la inflación: “Se están haciendo las salidas necesarias y eso perjudica la investigación porque no estás abarcando toda el área; entonces, los resultados son limitados”.