Jacinto Convit: controversial forjador de una escuela

El ganador del Premio Príncipe de Asturias de 1987 fue el científico más conocido por los venezolanos, aunque dos de sus principales metas, desarrollar las vacunas contra la lepra y la leishmaniasis, no lograron la efectividad aspirada

La memoria de Jacinto Convit se mueve en ese escenario en el que solo pueden encontrarse las grandes figuras, en el que se reciben honores y aplausos, pero en el que también surgen cuestionamientos. Sus grandes aportes: hacer ciencia en un país subdesarrollado, crear una institución para investigar e inspirar a potenciales científicos.
Pasó casi 80 de sus 100 años de vida dedicado a la ciencia. Se dio a conocer como el investigador que hacía grandes esfuerzos por crear vacunas contra la Enfermedad de Hansen, mejor conocida como lepra, y contra la leishmaniasis. Sin embargo, no logró su objetivo de una inmunización que permitiera la protección masiva contra estas patologías que afectan la piel.
Sus detractores lo critican por haber anunciado vacunas que nunca cumplieron sus cometidos y por ofrecer esperanzas en campos tan sensibles como el cáncer al aplicar tratamientos de efectividad incierta, sin cumplir con la rigurosidad que exige el método científico.
No obstante, Convit, quien ganó el Premio Príncipe de Asturias de Investigación en 1987, fue un innovador y un creador de bases fundamentales para impulsar la investigación en la Venezuela moderna. "Un país que no tenga una ciencia evolucionada será siempre un país de tercera o cuarta categoría", afirmaba.
Su mayor logro, de acuerdo con el inmunólogo y parasitólogo Félix Tapia, fue la fundación del Instituto de Biomedicina, localizado en el hospital José María Vargas de Caracas. "Su obra más importante no fueron sus vacunas; fue su espíritu de constructor, conductor y jefe que integró a su alrededor un equipo eficaz formado por gentes capaces, con dotes de liderazgo que crearon el instituto de salud que más produce en Venezuela, pese a la crisis".
El biólogo destaca que este centro, que nació en 1965, fue creado bajo un sistema novedoso, pues funcionaba como una alianza entre el Ministerio de Salud y la Universidad Central de Venezuela.
Una visión distinta. Convit fue "un pionero de la inmunoterapia de la lepra y de la leishmaniasis", asegura Tapia, que alaba la visión de Convit de tomar el bacilo de la vacuna contra la tuberculosis (BCG) para desarrollar vacunas contra estas enfermedades.
Para el científico iraní Farrokh Modabber, que trabajó por años en la Organización Mundial de la Salud y en el Infectious Disease Research Institute de Estados Unidos, "Convit fue una inspiración y su legado debe permanecer vivo". Modabber, especialista en el estudio de la leishmaniasis, dijo estas palabras tras la muerte de Convit, en 2014.
"Algunos intentan desacreditar la obra de Convit porque el tratamiento no era una bala de plata o bien definido, otros tenían motivos ocultos para ganancias personales", indicó el iraní para quien la visión y trabajo del investigador "guiaron a los estudios sobre las vacunas de primera generación en el Viejo Mundo". Convit también fue reconocido porque gracias a su trabajo fue posible que Venezuela se inscribiera entre los primeros países del mundo que clausuró los leprocomios, a los que tildaba de lugares “de sufrimiento tremendo”.