El corazón del IVIC aún late

El centro científico que vio la luz formalmente en 1959, logró cultivar un ambiente de excelencia para distintas disciplinas científicas y fue clave en el proceso de institucionalización de la ciencia a la caída de la dictadura

El fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958 significó para Venezuela no solo un cambio radical en aspectos sociales y políticos, sino también el inicio de la institucionalización de la ciencia. La fundación del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas implicó el surgimiento de un ambiente pensado especialmente para el trabajo de expertos.
El IVIC nació sobre las bases del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales, ideado en 1954 por el científico zuliano Humberto Fernández Morán, cuya sede se construyó en una montaña de Altos de Pipe, estado Miranda. El centro que lo sustituyó, también auspiciado por el Estado y fundado formalmente el 9 de febrero de 1959, integró a múltiples disciplinas de la ciencia.
No eran más de 30 científicos, pero todos tenían formación de alto nivel y Marcel Roche, primer director del IVIC, se dio a la tarea de reclutar a jóvenes pichones de las ciencias básicas, a los que enviaba becados a formarse fuera del país.
El IVIC, además de tener edificios de laboratorios, una biblioteca de reconocimiento regional, un comedor y un jardín de infancia para los hijos de los trabajadores, contaba con viviendas para que los científicos no tuvieran la necesidad de salir de esa pequeña aldea de la ciencia.

Relación entrañable

El médico bioquímico Rafael Apitz, que fue estudiante del IVIC y después uno de sus investigadores, cuenta que antes de regresar de Alemania, donde se desempeñó como asistente científico en el Instituto Max Planck de Química Celular en Múnich, recibió un mensaje de Roche.
"Me preguntó cuál era el tipo de equipo que necesitaría para cuando regresara a Venezuela para realizar mi trabajo en el IVIC. La pregunta era con la idea de incluirlo en el presupuesto. Así era el instituto en ese entonces", comenta Apitz.
El objetivo era dar plena libertad a los investigadores para que se desarrollaran según sus intereses. La bióloga y presidenta de la Asociación de Investigadores del IVIC, Flor Pujol, destaca que bajo la dirección de Egidio Romano, entre 1997 y 2004, se impulsó una investigación más cercana a la “realidad nacional” que proveía una “aplicación más inmediata”, lo que califica de algo muy positivo.
“Priorizar, fomentar o facilitar un financiamiento hacia cierto tipo de investigación no pone a riesgo la esencia de nuestra institución, lo que sí es peligroso es lo que ha ocurrido en los últimos años”, comenta. Señala que en esta última fase son los “criterios políticos” los que han prevalecido para escoger a los llamados a dirigir académicamente la institución “y eso es lo que ha sido bastante dañino”.
A principios del siglo XXI, el IVIC conservaba su carácter de eje de investigación de referencia, manejaba unos 31 millones de dólares de presupuesto para sus nueve centros de investigación. Para Pujol, en los últimos dos o tres años la situación se ha tornado “dramática” por la fuerte devaluación de los salarios, la falta de acceso a divisas para adquirir reactivos y reparar los equipos, sin contar con la desactualización de una biblioteca que era referencia para América Latina y el Caribe.
Sin embargo, dice Pujol que el corazón del instituto aún late, “a bajo ritmo pero late” y es posible que se recupere cuando la situación política, económica y social dé un giro, pues “aún conserva su nivel de exigencia y excelencia”.