Desafíos que persisten en el sur

Los expertos contrastan la planificación a partir de la cual se decidió erigir Ciudad Guayana con la improvisación que rodea el Arco Minero del Orinoco, que conlleva riesgos ambientales que pueden ser irreversibles

El sur del país sigue conservando en el imaginario de los venezolanos esa aura de riquezas sin explotar, apenas diferente de aquel territorio que a finales de la década de los treinta el gobierno se planteó explorar mediante un inventario metódico de los recursos de “la Guayana venezolana, incluida en el estado Bolívar y el territorio Amazonas”.
A principios de los años 60 se fundó Ciudad Guayana para favorecer el asentamiento de la Corporación Venezolana de Guayana y su complejo de 14 empresas. El investigador del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, Ismardo Bonalde, explica que cuando se inició la fundación del consorcio, la ciencia en el país daba sus primeros pasos.
“Los estudios geológicos y mineros que se emprendieron en la zona dieron origen a la planificación de Guayana como desarrollo industrial, pero también ayudaron a echar las bases de la ciencia local”. Aunque la génesis de la corporación estuvo en manos norteamericanas y japonesas, “eso no le quita crédito a la gerencia venezolana, pues las decisiones sobre qué proyectos aprobar fueron del Estado venezolano”.
En esas empresas básicas no hubo desarrollo científico, con excepción de Sidor, aclara Bonalde, que fue la única que estableció un centro de investigaciones asociado a un departamento de control de calidad. “Ese centro desapareció en estos tiempos que vivimos”, dice el científico, que lamenta el desmantelamiento general de las industrias básicas.
Nuevos peligros
En el sur del país se fraguan otros riesgos. El decreto presidencial que el 24 de febrero de 2016 ordenó la explotación intensiva de oro, diamante, bauxita, coltán, hierro, cobre, caolín, dolomita y tierras raras en una zona que comprende 111.843,70 kilómetros cuadrados al sur del Orinoco, se convirtió en un motivo de quejas para la comunidad científica.
La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales estuvo entre las instituciones que se opusieron a la creación de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco. “Esos recursos están en áreas de alta riqueza en biodiversidad. Todo el oro del mundo no va a restituir el bosque”, advierte Antonio Machado-Allison, directivo de Acfiman.
El experto señala que el bosque amazónico se erige sobre suelos frágiles, cuyos nutrientes dependen de una asociación entre plantas y microrganismos conocida como micorriza. La restitución de esa capa vegetal, en caso de que sea arrasada, no es posible.
Jon Paul Rodríguez, investigador del IVIC y directivo de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, añade que el gobierno no ha suministrado aún datos sobre las consecuencias ambientales y sociales del Arco Minero. “No hay evidencia de que este tipo de actividad a grandísima escala geográfica no tenga impacto”, advierte.
Bonalde contrasta el comienzo planificado de las empresas básicas con la improvisación actual y acusa al gobierno de “hablar mucho de soberanía mientras entrega el territorio a las compañías extranjeras”.