Tras los rastros de un pasado remoto

La riqueza de fósiles de Venezuela ha permitido identificar desde colosos extintos que pertenecían a la megafauna del Pleistoceno hasta pequeños dinosaurios que vagaron por La Grita hace 200 millones de años

“La historia de Venezuela no comienza con su descubrimiento por Colón, ni siquiera con la aparición del primer ser humano; se remonta mucho más atrás y se pierde en las nieblas del pasado”, enfatizaba, a prueba de cortoplacismos, el paleontólogo Georges Gaylord Simpson, enviado al país en misión especial en 1938 por el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York a instancias del Ministerio de Fomento.
El norteamericano había sido contactado para apoyar las investigaciones que el hermano lasallista Nectario María adelantaba en San Miguel, estado Lara, y que habían permitido identificar fósiles de la gigantesca fauna que habitó ese territorio durante el Pleistoceno ―la era geológica que comprende desde hace 1,8 millones de años hasta hace 10.000 años―. Es indispensable citar a estos dos científicos al reconstruir el trayecto de la paleontología en el país, afirma Ascanio Rincón, quien desde el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas sigue la ruta que trazaron estos pioneros.
Las excavaciones de Simpson y Nectario María tomaron tres meses de intenso trabajo y conllevaron la recolección de 250 huesos y dientes fósiles, recuerda el libro Bestias prehistóricas de Venezuela, escrito por José Domingo Carrillo, investigador venezolano de la Universidad de Zúrich, Suiza. Esta puede considerarse, asegura, “la primera excavación paleontológica sistemática realizada en el territorio”.
Los exploradores hallaron restos del gigantesco perezoso Eremotherium laurillardi, que podía llegar a medir hasta 5 metros y pesaba 4 toneladas y que, junto al megaterio, se considera uno de los mamíferos autóctonos más grandes de América del Sur. También encontraron placas de enormes cachicamos, fragmentos de gonfoterios ―una especie de elefante ancestral―, y el primer registro fósil para Venezuela, el Mixotoxodon larensis, cuyo aspecto recuerda al de un rinoceronte aunque en realidad no tengan ningún parentesco, aclara Rincón.
Hogar de cocodrilos
En Falcón, cerca de Santa Ana de Coro, está situada otra de las capitales de la paleontología en el país. Urumaco es un emporio de fósiles del Neógeno, un período que empezó hace 23 millones de años y terminó hace unos 2,5 millones de años. La historia comienza en la década de los cincuenta, cuando técnicos de la Texas Petroleum Company encuentran, en la localidad de Tío Gregorio, un enorme cráneo de cocodrilo gavial, con su característico hocico largo y puntiagudo.
Sería el primer fósil de al menos 14 especies extintas de cocodrilos prehistóricos que se han descrito en la zona, verdaderos monstruos que llegaban a medir más de 6 metros de longitud, entre ellas el Purussaurus mirandai, bautizado así en honor de Francisco de Miranda, y que superaba los 11 metros.
Rincón destaca el hallazgo, a principios de los setenta, del fósil de la Stupendemys geographicus, tortuga de agua dulce que por un tiempo fue considerada la más grande que había existido. Llegaba a medir hasta 3 metros y vivió entre hace 5 y 6 millones de años. Los científicos norteamericanos que la hallaron, Bryan Patterson y Roger Wood, se llevaron los fósiles a la Universidad de Harvard para su análisis y fueron recuperados en 2002 por el Museo de Ciencias de Caracas.
En el año 2000, los venezolanos Marcelo Sánchez-Villagra y Orangel Aguilera integraron el grupo que identificó en la zona al que en su momento se consideró el roedor fósil más grande del mundo, Phoberomys pattersoni, que llegaba a pesar más de 500 kilos.
De Maturín a La Grita
Otro sitio paleontológico de interés es el Breal de Orocual, situado en Monagas. Se trata de un rico yacimiento de fósiles conservados en asfalto, catalogado como uno de los mayores del mundo, donde se llegaron a identificar más de treinta especies del Pleistoceno, entre ellas el tigre de dientes de sable y el tigre de dientes de cimitarra, Homotherium venezuelensis, ambos descritos por primera vez en Suramérica, puntualiza Rincón, quien lideró el equipo que realizó las investigaciones. Señala que Orocual es un verdadero reto “porque se produce después del cierre del istmo de Panamá, así que es producto de la colisión de faunas que va a provocar el gran intercambio biótico de las Américas”.
Un recuento de los hallazgos paleontológicos del siglo se cierra en 2014, con la descripción de los primeros dinosaurios venezolanos. El honor de abrir la lista le correspondió a Laquintasaura venezuelae, no un animal gigante, sino un herbívoro de 1,25 metros de altura. A los pocos meses se dio a conocer al que se supone que era su depredador, el Tachiraptor admirabilis, un carnívoro que medía 1,5 metros. Ambos fueron encontrados en la formación La Quinta, en La Grita, Táchira, un lugar donde ya en 1992 el investigador de la Universidad de los Andes, Oscar Odreman, junto con equipos franceses y norteamericanos, había identificado fósiles de dinosaurios.
Ambas especies habitaron en la zona hace más de 200 millones de años. Rincón, uno de los descubridores del tachiraptor, señala que se trata de uno de los pocos dinosaurios que logró sobrevivir a la gran extinción que ocurrió entre los períodos Triásico y Jurásico. “Está en la base de la evolución de los dinosaurios carnívoros, lo que lo hace realmente un hito”.