La experiencia modernizadora del Conicit

Concebido por la comunidad científica, fue un factor de profesionalización del sector que estableció los lineamientos bajo los cuales se crearon centros de investigación competitivos

La aparición en escena, en la segundad mitad del siglo XX, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas marcó un hito en la evolución de la actividad científica en el país. “Fue una instancia que organizó la política científica en Venezuela, institucionalizó el oficio de investigador, fortaleció la infraestructura para hacer ciencia, impulsó la formación de gente para el área e introdujo la idea de planificación”, enumera Ignacio Ávalos, quien presidió el organismo entre 1994 y 1999.
Había sido un anhelo desde que comenzaron a soplar los vientos de modernización del gobierno de Eleazar López Contreras: ya en el programa de febrero de 1936 se plantea crear un Consejo Nacional de Investigaciones. Hubo que esperar, sin embargo, hasta 1962 para que se organizara una comisión preparatoria y hasta 1967 para que se decretara por ley, aunque en realidad entró en funcionamiento dos años después.
Desde un principio se convino en que en la presidencia debería estar un científico activo. El primero en asumir la responsabilidad fue Marcel Roche, que estuvo en ese cargo entre 1969 y 1972. Él mismo contó que uno de los logros fue separar la paja del trigo al definir claramente las tareas de un investigador: dedicar parte o todo su tiempo a la indagación de un tema original mediante el método científico y presentar sus resultados en publicaciones y congresos.
Soporte de ideas. Por primera vez se financiaron de manera organizada “proyectos de investigación individuales, becas para estudios de posgrado en muy reconocidas universidades del exterior, apoyo a centros y laboratorios de investigación, participación de investigadores en congresos internacionales o para la organización de eventos científicos en el país”, explica Claudio Bifano, ex presidente de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales.
En 1975, durante el primer Congreso de Ciencia y Tecnología, se evaluó el desempeño del organismo. Los planificadores, recuerda Bifano, insistían en la necesidad de generar tecnologías para favorecer un modelo de desarrollo menos dependiente del petróleo, mientras los científicos luchaban por la libertad de investigar. Ávalos señala que una de las debilidades del Conicit fue que, en principio, “fue un organismo que colonizaron los científicos, cuando era un tema que debía incumbir a la sociedad y al Estado”. En su última etapa se propuso una ruta para enmendar esto: ampliar el universo de sectores involucrados, auspiciar la formación de redes para racionalizar el uso de recursos humanos y equipos y crear nuevos espacios de concertación que se concentraran en los problemas que afligían a los venezolanos.
“El Conicit de los últimos quince años ya era totalmente distinto”, afirma Ávalos. Sin embargo, en los inicios del siglo XXI, cuando se impuso otro modelo político, se decretó su desaparición. “Sin duda, ya había cumplido la misión para la que nació, pero la propuesta que lo sustituyó, que creó al Ministerio de Ciencia y su brazo financiero, el Fonacit, no cumplió con las expectativas”, agrega.
“El Conicit contribuyó a consolidar una comunidad científica razonablemente organizada, con una productividad de investigación que se ubica entre las cinco mayores de Latinoamérica”, dice Bifano. Ávalos destaca la transparencia de la gestión administrativa del Conicit, algo por rescatar, en el futuro, en la gestión pública, no solo de la ciencia.