Los constructores de cultura científica

En los años cincuenta, la pequeña comunidad de investigadores venezolanos decidió reunirse en torno a la idea de impulsar el progreso del país y fue así como nació Asovac, institución que persiste en su meta de consolidar el aprecio por el conocimiento

¿Qué mejor augurio para una institución que contar en su acta de fundación con una extensa lista de científicos notables, con nombres como los de Francisco De Venanzi, Tobías Lasser, Rudolf Jaffé, Augusto Pi Suñer, Enrique Tejera, Miguel Acosta Saignes, Luis Manuel Carbonell, Félix Pifano, Rubén Merenfeld, por mencionar solo algunos? El nacimiento de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia ocurrió el 20 de marzo de 1950, ciertamente tarde si se les compara con la fecha de origen de sus contrapartes en Suiza (1922), en Inglaterra (1831) o en Estados Unidos (1848), pero a tiempo para empujar el carro de la modernización que Venezuela quería transitar a mediados del siglo XX. No era poca cosa la tarea que se proponía este grupo de investigadores, que comenzaron reuniéndose en “una vieja casona, con solera de colonia y patios arbolados”, como recordaría en un discurso años después Humberto García Arocha. Eran, ciertamente, la expresión de una élite académica, pues los 50 firmantes del acta constitutiva formaban parte de una comunidad científica que solo contaba con 80 personas, según cálculos del propio De Venanzi citados por la investigadora Hebe Vessuri.
Entre las ideas que impulsaron estaban la autonomía universitaria y la democratización, pero también “el hacer de la ciencia una carrera abierta al talento, sin distingo de credo político, raza, religión y sexo y, por supuesto, clase social”, recuerda en otro texto la especialista en historia de la ciencia, Yajaira Freites.
Por mejores tiempos. Sus objetivos iniciales siguen vigentes: fomentar la cultura científica, colaborar con los organismos del Estado en el progreso de esta área y estimular la participación de entes privados en ello. La investigadora Marisol Aguilera, presidenta de Asovac, señala que la organización cuenta en la actualidad con más de 5.000 miembros en todo el país y que sigue llevando adelante sus programas fundamentales: la revista Acta Científica Venezolana, que desde 2015 publican exclusivamente en línea para hacerla viable; el festival juvenil de la ciencia y la Asovac juvenil, para aupar nuevas vocaciones y la convención nacional que este año también realizarán, pese a las turbulencias políticas y económicas.
El número de trabajos que se presenta en ese encuentro puede servir como indicador del impacto que la crisis ha tenido sobre la ciencia venezolana. El año con mejor desempeño fue 1996, cuando se expuso un número récord de 2.286 investigaciones. En 2014 ya el número había descendido a 454 y en 2016 la cantidad fue de 154, muy cerca de las 130 investigaciones que registró la primera convención, en 1951.
Entre las causas de este panorama, enumera el deterioro presupuestario de universidades e instituciones científicas, así como los desaciertos en la política científica y la fuga de talento. También menciona un factor en realidad positivo: el incremento de encuentros científicos de otras sociedades, que la propia Asovac ha sido activa en promover.
Aguilera afirma que sigue la mística que ha caracterizado desde sus inicios a la organización, cuyos miembros trabajan ad honorem. En ese sentido, pervive el espíritu de sus fundadores, “un grupo de grandes constructores”.